{"tema_id":"3868","string":"Movimiento de sacerdotes para el Tercer Mundo","created":"2017-01-25 09:45:02","code":null,"modified":"2017-01-30 16:32:11","notes":[{"@type":"Nota de alcance","@lang":"es","@value":"Corriente renovadora de la Iglesia proveniente de Europa durante las d\u00e9cadas sesenta y setenta, despu\u00e9s \u00a0del Concilio Vaticano II (1959-1965), inaugurado por Juan XXIII y concluido por Pablo VI, abri\u00f3 las puertas a una teolog\u00eda de cara al pueblo. Este nucleamiento\u00a0tercermundista incluy\u00f3 un amplio arco en el que actuaron sacerdotes, religiosas y laicos, cuyas ideas y pr\u00e1cticas se nuclearon en torno a grupos de procedencia social muy diferentes. En Argentina surgi\u00f3 en 1967 se mantuvo hasta finales del \u00b474 cuando el movimiento comienza a fragmentarse.\nUno de los antecedentes de esta teor\u00eda para la liberaci\u00f3n fue expresada en el Manifiesto de los 18 obipos para el Tercer Mundo, en\nRerproducci\u00f3n completa del documento\nFrente a los movimientos que actualmente sublevan a las masas obreras y campesinas del Tercer Mundo algunos obispos, pastores de estos pueblos, dirigen este mensaje a sus sacerdotes, a sus fieles y a todos los hombres de buena voluntad. Esta carta prolonga y adapta la enc\u00edclica sobre el desarrollo de los pueblos.\nDesde Colombia y Brasil hasta Ocean\u00eda y China, pasando por el Sahara, Yugoeslavia y el Medio Oriente, la luz del Evangelio esclarece las preguntas que, casi siempre las mismas, son planteadas por todas partes.\nEn el momento en que los pueblos y las razas pobres, toman conciencia de s\u00ed mismos y de la explotaci\u00f3n de la cual todav\u00eda son v\u00edctimas, este mensaje dar\u00e1 valor a todos los que sufren y luchan por la justicia, condici\u00f3n indispensable de la paz.\n1. Como obispos de algunos de los pueblos que se esfuerzan y luchan por su desarrollo, nosotros unimos nuestra voz al llamado angustioso del Papa Pablo VI en la enc\u00edclica Populorum Progressio, con el fin de precisar sus deberes a nuestros sacerdotes y fieles, y para dirigir a todos nuestros hermanos del Tercer Mundo algunas palabras de aliento.\n2. Nuestras Iglesias situadas en el Tercer Mundo se ven mezcladas en el conflicto en el que se enfrentan ahora no s\u00f3lo Oriente y Occidente, sino los tres grandes grupos de pueblos: las potencias occidentales enriquecidas en el siglo pasado, dos grandes pa\u00edses comunistas transformados en grandes que busca todav\u00eda c\u00f3mo escapar del dominio de los grandes y desarrollarse libremente. Incluso dentro de naciones desarrolladas, ciertas clases sociales, ciertas razas o ciertos pueblos no han obtenido todav\u00eda el derecho a una vida verdaderamente humana. Un empuje irresistible lleva a estos pueblos pobres hacia su promoci\u00f3n para liberarse de todas las fuerzas de opresi\u00f3n. Si bien la mayor\u00eda de las naciones han logrado conquistar su libertad pol\u00edtica, son todav\u00eda raros los pueblos econ\u00f3micamente libres. Son igualmente raros aquellos donde reina la igualdad social, condici\u00f3n indispensable de una verdadera fraternidad, ya que la paz no puede existir sin justicia. Los pueblos del Tercer Mundo forman el proletariado de la humanidad actual, explotados por los grandes y amenazados en su existencia misma por los que, solo por ser los m\u00e1s fuertes, se arrogan el derecho de ser los jueces y los polic\u00edas de los pueblos materialmente menos ricos. Ahora bien, nuestros pueblos no son ni menos honestos ni menos justos que los grandes de este mundo.\n3. En la evoluci\u00f3n actual del mundo, las revoluciones se han producido o se est\u00e1n produciendo. Ello no tiene nada de sorprendente. Todos los poderes ya establecidos han nacido en una \u00e9poca m\u00e1s o menos lejana de una revoluci\u00f3n, es decir, de una ruptura con un sistema que ya no aseguraba el bien com\u00fan, y de la instauraci\u00f3n de un nuevo orden m\u00e1s apto para procurarlo. No todas las revoluciones son necesariamente buenas. Algunas no son m\u00e1s que revueltas palaciegas y no producen m\u00e1s que cambios de opresi\u00f3n del pueblo. Algunas hacen m\u00e1s mal que bien, \u201cengendrando nuevas injusticias\u2026\u201d (Populorum progressio). El ate\u00edsmo y el colectivismo a los cuales ciertos movimientos creen deber ligarse, son peligros graves para la humanidad. Pero la historia muestra que ciertas revoluciones eran necesarias y se han desprendido de su antirreligi\u00f3n moment\u00e1nea produciendo buenos frutos. Ninguna lo prueba m\u00e1s que la que en 1789 en Francia permiti\u00f3 la afirmaci\u00f3n de los derechos del hombre (cf. Pacem in Terris). Muchas de nuestras naciones han debido, o deben, operar con estos cambios profundos. \u00bfCu\u00e1l debe ser la actitud de los cristianos y de las Iglesias frente a esta situaci\u00f3n? Paulo VI ya ha esclarecido nuestro camino por medio de la enc\u00edclica sobre el progreso de los pueblos (Populorum Progressio).\n\u00a0\n\nRescatar a la Iglesia\n\n\u00a0\n4. Desde el punto de vista doctrinal, la Iglesia sabe que el Evangelio exige la primera y radical revoluci\u00f3n: la conversi\u00f3n, la transformaci\u00f3n total del pecado en la gracia, del ego\u00edsmo en amor, del orgullo en servicio humilde. Y esta conversi\u00f3n no es solamente interior y espiritual, sino que se dirige a todo el hombre, corp\u00f3reo y social al mismo tiempo que espiritual y personal. Tiene un aspecto comunitario lleno de consecuencias para la sociedad entera, no s\u00f3lo para la vida terrenal, sino sobre todo para la vida eterna en Cristo, quien, desde las alturas, atrae hacia El a toda la humanidad. Tal es a los ojos del cristianismo el desarrollo integral del hombre. De esta manera, el Evangelio ha sido siempre, visible o invisiblemente, por la Iglesia o fuera de ellas, el m\u00e1s poderoso fermento de las mutaciones profundas de la humanidad desde hace veinte siglos.\n5. Sin embargo, en su peregrinaci\u00f3n hist\u00f3rica terrenal, la Iglesia ha estado pr\u00e1cticamente siempre ligada al sistema pol\u00edtico, social y econ\u00f3mico que, en un momento de la historia, asegura el bien com\u00fan o. al menos, cierto orden social. Por otra parte las Iglesias se encuentran de tal manera ligadas al sistema, que parecen estar confundidos, unidos en una sola carne como en un matrimonio. Pero la Iglesia tiene un solo esposo, Cristo. La Iglesia no est\u00e1 casada con ning\u00fan sistema, cualquiera que \u00e9ste sea, y menos con el \u201cimperialismo internacional del dinero\u201d (Pro-pulorum Progressio), como no lo estaba a la realeza o al feudalismo del antiguo r\u00e9gimen, y como tampoco lo estar\u00e1 ma\u00f1ana con tal o cual socialismo. Basta con examinar la historia para ver que la Iglesia ha sobrevivido a la ruina de los poderes que en un tiempo creyeron deber protegerla o poder utilizarla. Actualmente la doctrina social de la Iglesia, reafirmada por el Vaticano II, la ha rescatado ya de este imperialismo del dinero, que parece ser una de las fuerzas a las cuales estuvo ligada durante alg\u00fan tiempo.\n6. Despu\u00e9s del concilio se elevaron voces en\u00e9rgicas que ped\u00edan se terminara con esta coalici\u00f3n temporal de la Iglesia y el dinero, denunciada de diversos lados. Ciertos obispos han dado ya el ejemplo. Nosotros mismos tenemos el deber de hacer un examen serio de nuestra situaci\u00f3n respecto de este problema, y de liberar nuestras Iglesias de toda servidumbre respecto de las grandes finanzas internacionales. \u201cNo se puede servir a Dios y al dinero\u201d.\n7. Frente a la evoluci\u00f3n actual del imperialismo del dinero, debemos dirigir a nuestros fieles, y plantearnos nosotros mismos, la advertencia que dirigi\u00f3 a los cristianos de Roma el vidente de Patmos frente a la ca\u00edda inminente de esa gran ciudad prostituida en el lujo gracias a la opresi\u00f3n de los pueblos y al tr\u00e1fico de esclavos. \u201cSalid; pueblo m\u00edo; partid, no sea que solidarios de sus faltas, vay\u00e1is a padecer sus plagas\u201d. (Apoc. 18-4).\n\u00a0\n\nDenunciar la Injusticia\n\n\u00a0\n8. En cuanto a lo que la Iglesia tiene de esencial y de permanente, es decir, su fidelidad y su comuni\u00f3n con Cristo en el Evangelio, nunca es solidaria de ning\u00fan sistema econ\u00f3mico, pol\u00edtico y social. En el momento en que un sistema deja de asegurar el bien com\u00fan en beneficio del inter\u00e9s de unos cuantos, la Iglesia debe no solamente denunciar \u00a1a injusticia sino adem\u00e1s separarse del sistema inicuo, presta a colaborar con otro sistema mejor adaptado a las necesidades del tiempo, y m\u00e1s justo.\n9. Esto vale para los cristianos, as\u00ed como para sus jefes jer\u00e1rquicos y para las Iglesias. En este mundo nosotros no tenemos ciudades permanentes, ya que nuestro jefe Jesucristo quiso sufrir fuera de la ciudad (Heb. 13, 12, 14). Que nadie de nosotros permanezca vinculado a los privilegios o al dinero, sino que est\u00e9 listo a \u201cponer sus bienes en com\u00fan\u2026 ya que en estos sacrificios encuentra Dios placer\u201d (Heb. 13, 16). Incluso si no hemos sido capaces de hacerlo de buen grado y por amor, sepamos por lo menos reconocer, la mano de Dios que nos corrige como hijos en los acontecimientos que nos obligan a este sacrificio. (Heb. 12, 5).\n10. Nosotros no juzgamos ni condenamos a nadie de los que frente a Dios han cre\u00eddo o creen deber exiliarse para salvaguardar su fe o la de sus descendientes. Los \u00fanicos que deben ser condenados con energ\u00eda son los que expulsan a las poblaciones oprimi\u00e9ndolas material o espiritualmente, o tomando sus tierras.\nLos cristianos y sus pastores deben permanecer en el pueblo, sobre la tierra que es suya. La historia muestra que no es bueno a largo plazo que un pueblo se exile lejos de su tierra y se refugie en otra parte. Se debe, o bien defender su tierra contra un extranjero agresor injusto, o aceptar los cambios del r\u00e9gimen que se imponen en su pa\u00eds. Es una falta de los cristianos no ser solidarios de su pa\u00eds y de su pueblo en el momento de la prueba, sobre todo si dichos cristianos son ricos y huyen en realidad solamente para salvar su riqueza y sus privilegios. Ciertamente una familia o una persona puede estar obligada a emigrar para buscar trabajo conforme al derecho de emigraci\u00f3n (cf. Pacem in Terris). Pero los \u00e9xodos masivos de cristianos pueden causar situaciones lamentables. Es sobre su tierra, en su pueblo, donde los cristianos son llamados normalmente por Dios para realizar su vida en solidaridad con sus hermanos de alguna religi\u00f3n, cualquiera que \u00e9sta sea, para ser ellos los testigos del amor que Cristo tiene a todos.\n11. En cuanto a nosotros, sacerdotes y obispos, tenemos el deber m\u00e1s apremiante todav\u00eda de permanecer en nuestro lugar, ya que somos los vicarios del Buen Pastor, que lejos de huir como los mercenarios en el momento de peligro, permanece en medio de la multitud listo a dar su vida por los suyos (Jn. 10, 11-18). Si Jes\u00fas orden\u00f3 a sus ap\u00f3stoles pasar de ciudad en ciudad (Mt. 10.23), es \u00fanicamente en el caso de persecuci\u00f3n personal a causa de la fe; esto es diferente de los casos de guerra o de revoluci\u00f3n que conciernen a todo un pueblo con el cual debe sentirse solidario el pastor. Este debe permanecer en el pueblo. Si todo el pueblo decidiera exilarse, el pastor podr\u00eda seguir a la multitud. Pero \u00e9l no puede salvarse solo, ni con una minor\u00eda de aprovechados o de miedosos.\n12. M\u00e1s a\u00fan, los cristianos y sus pastores deben saber reconocer la mano del Todopoderoso en los acontecimientos que, peri\u00f3dicamente, deponen a los poderosos de sus tronos y elevan a los humildes, devuelven a los ricos las manos vac\u00edas y sacian a los hambrientos. Actualmente, \u201cel mundo pide, con tenacidad y virilidad, el reconocimiento de la dignidad humana en toda su plenitud, la igualdad social de todas las clases\u201d. Los cristianos y todos los hombres de buena voluntad no pueden m\u00e1s que adherirse a este movimiento, incluso si tienen que renunciar a sus privilegios y a sus fortunas personales, en beneficio de la comunidad humana en una socializaci\u00f3n m\u00e1s grande. La Iglesia no es de ninguna manera la protectora de las grandes propiedades. Ella pide, con Juan XXIII, que la propiedad sea repartida a todos, ya que la propiedad tiene por principio un destino social. Paulo VI recordaba hace poco la frase de San Juan: \u201cSi alguno que goce de las riquezas del mundo ve a su hermano en la necesidad y le cierra sus entra\u00f1as, \u00bfc\u00f3mo habitar\u00e1 en \u00e9l el amor de Dios?\u201d (I Jn. 3, 17), y la frase de San Ambrosio: \u201cLa Tierra se ha dado a todo el mundo y no solamente a los ricos\u201d (Populorum Progressio).\n13. Todos los padres, tanto orientales como occidentales, repiten el Evangelio: \u201cComparte tu cosecha con tus hermanos. Comparte la recolecci\u00f3n que ma\u00f1ana estar\u00e1 podrida. \u00a1Atroz avaricia la que deja todo enmohecer antes que dejarlo a los menesterosos!\u201d \u201c\u00bfA qui\u00e9n hago da\u00f1o dando lo que me pertenece?\u201d, responde el avaro. \u201c\u00bfPero cu\u00e1les son, dime, los bienes que te pertenecen? \u00bfDe d\u00f3nde los has sacado? T\u00fa te pareces a un hombre que, tomando un lugar en el teatro, quisiera impedir entrar a los otros y esperara gozar solo del espect\u00e1culo al cual todos tienen derecho. Tal son los ricos: se declaran due\u00f1os de los bienes comunes que han acaparado porque han sido los primeros en ocuparlos. Si cada uno no guardara m\u00e1s de lo que es necesario para sus necesidades cotidianas, y dejara lo superfluo a los indigentes, la riqueza y la pobreza ser\u00edan abolidas\u2026 Al hambriento pertenece el pan que t\u00fa guardas. Al hombre desnudo, el abrigo que encierran tus cofres. AI descalzo, los zapatos que se pudren en tu casa. Al miserable, el dinero que tienes oculto. Asi oprimes a tanta gente que podr\u00edas ayudar. . . No, no es tu rapacidad la que se condena aqu\u00ed sino tu negativa a compartir\u201d (San Basilio. Homil\u00eda Contra la riqueza).\n\u00a0\n\nHacia el Socialismo\n\n\u00a0\n14. Teniendo en cuenta ciertas necesidades para ciertos progresos materiales, la Iglesia desde hace un siglo, ha tolerado al capitalismo con el pr\u00e9stamo a inter\u00e9s legal y sus otros usos poco conformes con la moral de los profetas y del Evangelio Pero ella no puede m\u00e1s que regocijarse al ver aparecer en la humanidad otro sistema social menos alejado de esta moral. Tocar\u00e1 a los cristianos de ma\u00f1ana, seg\u00fan la iniciativa de Paulo VI, reconducir a sus verdaderas fuentes cristianas estas corrientes de valores morales que son la solidaridad, la fraternidad (cf. Ecclesiam Suam). Los cristianos tienen el deber de mostrar \u201cque el verdadero socialismo es el cristianismo integralmente vivido, en el justo reparto de los bienes y la igualdad fundamental\u201d Lejos de contrariarse con \u00e9l, sepamos adherirlo con alegr\u00eda, como a una forma de vida social mejor adaptada a nuestro tiempo y m\u00e1s conforme con el esp\u00edritu del Evangelio. As\u00ed evitaremos que algunos confundan Dios y la religi\u00f3n con los opresores del mundo de los pobres y de los trabajadores, que son, en efecto, el feudalismo, el capitalismo y el imperialismo. Estos sistemas inhumanos han engendrado a otros que, queriendo liberar a los pueblos, oprimen a las personas si estos otros sistemas caen dentro del colectivismo totalitario y la persecuci\u00f3n religiosa. Pero Dios y la verdadera religi\u00f3n no tienen nada que ver con las diversas formas del Mamm\u00f3n de la iniquidad. Al contrario, Dios y la verdadera religi\u00f3n est\u00e1n siempre con los que buscan promover una sociedad m\u00e1s equitativa y fraternal entre todos los hijos de Dios en la gran familia humana.\n\u00a0\n\nUna nueva Humanidad\n\n\u00a0\n15. La Iglesia saluda con orgullo y alegr\u00eda una humanidad nueva donde el honor no pertenece al dinero acumulado entre las manos de unos pocos, sino a los trabajadores, obreros y campesinos. Pues la Iglesia no es nada sin El que sin cesar le da su ser y su hacer, Jes\u00fas de Nazareth, quien durante tantos a\u00f1os ha querido trabajar con sus manos para revelar la eminente dignidad de los trabajadores. \u201cEl obrero es infinitamente superior a todo el dinero\u201d como recordaba un obispo en el Concilio. Otro obispo, de un pa\u00eds socialista, declaraba igualmente: \u201cSi los obreros no llegan a ser de alguna manera propietarios de su trabajo, todas las reformas a las estructuras ser\u00e1n ineficaces. Incluso si los obreros a veces reciben un salario m\u00e1s alto en alg\u00fan sistema econ\u00f3mico, ellos no se contentar\u00e1n con estos aumentos de salario. Ellos quieren ser propietarios y no vendedores de su trabajo. Actualmente los obreros son cada vez m\u00e1s concientes de que el trabajo constituye una parte de la persona humana. Pero la persona humana no puede ser vendida ni venderse. Toda compra o venta del trabajo es una especie de esclavitud\u2026 La evoluci\u00f3n de la sociedad humana progresa en este sentido, y con seguridad dentro de ese sistema del que se afirma no ser tan sensible como nosotros en cuanto a la dignidad de la persona humana, es decir, el marxismo\u201d. (F. Franic, Split, Yugoeslavia, el 4 de octubre de 1965).\n16. Es decir que la Iglesia se regocija de ver desarrollarse en la humanidad formas de vida social donde el trabajo encuentra su verdadero lugar, que es el primero. Como lo reconoc\u00eda el arch\u00edpreste Borovoi en el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias, hemos incurrido en el error de acomodarnos a principios jur\u00eddicos paganos heredados de la antigua Roma, pero en este terreno, Occidente no ha pecado menos que Oriente. \u201cDe todas las civilizaciones cristianas, el bizantinismo es el que m\u00e1s ha contribuido a santificar simplemente el mal social. Adopt\u00f3 sin objeci\u00f3n toda la herencia social del mundo pagano y le confiri\u00f3 unci\u00f3n sacramental. El derecho civil del imperio romano pagano fue conservado bajo la vestidura de la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica, durante mucho m\u00e1s de mil a\u00f1os en Bizancio y en la Europa medieval, y durante algunos siglos en Rusia a partir de la \u00e9poca (siglo VI) en que nuestro pa\u00eds comenz\u00f3 a considedarse como el heredero de Bizancio. Pero esto es radicalmente opuesto a la tradici\u00f3n social del cristianismo primitivo y de los padres griegos, a la predicaci\u00f3n misionar\u00eda de nuestro Salvador y a todo el contenido de las ense\u00f1anzas de los profetas del Antiguo Testamento que no envejecen jam\u00e1s. (C. D. E. 12-7 1966, Iglesia y Sociedad, G\u00e9neva).\n17. Que nadie vaya a buscar en nuestras palabras alguna inspiraci\u00f3n pol\u00edtica. Nuestra \u00fanica fuente es la Palabra del que habl\u00f3 a los profetas y a los ap\u00f3stoles. La Biblia y el Evangelio denuncian como pecado contra Dios todo golpe a la dignidad del hombre creado a su imagen. Dentro de esta exigencia de respeto en cuanto a la persona humana, los ateos de buena fe re\u00fanen ahora a los creyentes para un com\u00fan servicio a la humanidad en su b\u00fasqueda de justicia y de paz. Igualmente nosotros podemos dirigir con confianza a todos palabras de aliento, ya que para todos es necesario mucho valor y fuerza para llevar a buen t\u00e9rmino la inmensa y urgente tarea que es la \u00fanica que puede salvar al Tercer Mundo de la miseria y del hambre y librar a la humanidad de la cat\u00e1strofe de una guerra nuclear:\n\u201cNunca m\u00e1s la guerra, abajo las armas\u201d.\n18. El pueblo de los pobres y los pobres de los pueblos en medio de los cuales nos ha puesto el Misericordioso como pastores de una peque\u00f1a multitud, saben por experiencia que deben contar con ellos mismos y con sus propias fuerzas, antes que con la ayuda de los ricos. Ciertamente algunas naciones ricas o algunos ricos de ciertas naciones dan una ayuda apreciable a nuestros pueblos, pero ser\u00eda una ilusi\u00f3n esperar pasivamente una libre conversi\u00f3n de aquellos de quienes nuestro Padre Abraham nos previene \u201cque ellos no escuchar\u00e1n ni al que resucite de entre los muertos\u201d. (Le. 15, 31). Es primero a los pueblos pobres y a los pobres de los pueblos a quienes corresponde realizar su propia promoci\u00f3n. Que vuelvan a tener confianza en ellos mismos, que se instruyan, saliendo del analfabetismo, que trabajen con tenacidad para construir su destino, que se cultiven utilizando todos los medios que la sociedad moderna pone a su alcance, como la escuela y los peri\u00f3dicos: que escuchen a los que pueden despertar y formar la conciencia de las masas y sobre todo la palabra de sus pastores. Que \u00e9stos les dispensen integralmente la Palabra de la Verdad y el Evangelio de la justicia. Que los laicos militantes de los movimientos apost\u00f3licos comprendan y pongan en pr\u00e1ctica la exhortaci\u00f3n de nuestro Papa Paulo VI \u201c\u2026corresponde a los laicos, por su libre iniciativa y sin esperar pasivamente consignas y directivas, penetrar de esp\u00edritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las costumbres de su comunidad de vida. Los cambios son necesarios, las reformas profundas, indispensables; deben emplearse resueltamente para insuflarles el esp\u00edritu evang\u00e9lico\u2026\u201d (Populorum Progressio). En fin, que los trabajadores y los pobres se unan, ya que \u00fanicamente la uni\u00f3n hace la fuerza de los pobres para exigir y promover la justicia en la verdad.\n\u00a0\n\nDios no Quiere Pobres\n\n\u00a0\n19. El pueblo tiene hambre de verdad y de justicia, y los que han recibido el cargo de instruirlo y educarlo deben hacerlo con entusiasmo. Algunos errores deben ser disipados con urgencia: no, Dios no quiere que haya ricos que aprovechen los bienes de \u00e9ste mundo explotando a los pobres. No, Dios no quiere que haya pobres siempre miserables. La religi\u00f3n no es el opio del pueblo. La religi\u00f3n es una fuerza que eleva a los humildes y rebaja a los orgullosos, que da pan a los hambrientos y hambre a los hartos. Ciertamente Jes\u00fas nos previno que siempre habr\u00eda pobres entre nosotros (Juan, 12, 8), pero es porque siempre habr\u00e1 ricos para acaparar los bienes de este mundo y de igual manera ciertas desigualdades debidas a las diferencias de capacidades y a otros factores inevitables. Pero Jes\u00fas nos ense\u00f1a que el segundo mandamiento es igual al primero, ya que no se puede amar a Dios sin amar a sus hermanos los hombres. El nos previene que todos los hombres seremos juzgados por una sola frase: \u201cTuve hambre y me disteis de comer\u2026 Yo era aqu\u00e9l que ten\u00eda hambre\u201d (Mat. 25\/31.46). Todas las grandes religiones y sabidur\u00edas de la humanidad hacen eco de esta frase. As\u00ed el Cor\u00e1n anuncia la \u00faltima prueba a la que son sometidos los hombres en el momento del juicio de Dios: \u201c\u00bfCu\u00e1l es esta prueba? La de redimir a los cautivos, de alimentar durante la carest\u00eda al hu\u00e9rfano\u2026 o al pobre dormido en el suelo\u2026 y de hacerse una ley de la misericordia\u201d. (Sour, 90, 11-18).\n\u00a0\n\nBasta de Explotadores\n\n\u00a0\n20. Nosotros tenemos el deber de compartir nuestro pan y todos nuestros bienes. Si algunos pretenden acaparar para ellos mismos lo que es necesario a los otros, entonces es un deber de los poderes p\u00fablicos imponer el reparto que no se hace de buen grado. El Papa Paulo VI lo recuerda en su \u00faltima enc\u00edclica: \u201cEl bien com\u00fan exige a veces la expropiaci\u00f3n, si, a causa de su extensi\u00f3n, de su explotaci\u00f3n d\u00e9bil o nula, de la miseria que de ello resulta para las poblaciones, del da\u00f1o considerable causado a los intereses del pa\u00eds, ciertos dominios son obst\u00e1culos para la seguridad colectiva. Al afirmarlo con claridad, el Concilio ha recordado no menos claramente que la renta imponible no est\u00e1 abandonada al libre capricho de los hombres, y que las especulaciones ego\u00edstas deben ser suprimidas. Ya no podr\u00e1 permitirse que los ciudadanos provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y la actividad nacionales, transfieran una parte considerable al extranjero para su beneficio personal, sin preocuparse, del da\u00f1o que hacen sufrir por ello a su patria\u201d. (Populorum Progressio). No se puede admitir tampoco que los ricos extranjeros vengan a explotar a nuestros pueblos pobres bajo el pretexto de hacer comercio o industria, como no puede tolerarse que algunos ricos exploten a su propio pueblo. Esto provoca la exasperaci\u00f3n de los nacionalismos siempre lamentables, opuestos a una verdadera colaboraci\u00f3n de los pueblos.\n21. Lo que es verdadero para los individuos lo es para las naciones. Por desgracia, actualmente ning\u00fan gobierno verdaderamente mundial puede imponer la justicia entre los pueblos y repartir equitativamente los bienes. El sistema econ\u00f3mico en vigor actualmente permite a las naciones ricas seguir enriqueci\u00e9ndose aunque incluso ayuden un poco a las naciones pobres, que proporcionalmente se empobrecen. Estas tiene el deber de exigir, por todos los medios leg\u00edtimos a su alcance, la instauraci\u00f3n de un gobierno mundial, en el que todos los pueblos sin excepci\u00f3n est\u00e9n representados, y que sea capaz de exigir, incluso hasta imponer una repartici\u00f3n equitativa de bienes, condici\u00f3n indispensable para la paz. (cf. Pacem in Terris y Populorum Progressio.)\n22. En el interior mismo de cada naci\u00f3n, los trabajadores tienen el derecho y el deber de unirse en verdaderos sindicatos con el fin de exigir y defender sus derechos: justo salario, licencias pagadas, seguridad social, viviendas familiares, participaci\u00f3n en la gestaci\u00f3n de la empresa\u2026 No es suficiente que estos derechos sean reconocidos sobre el papel por las leyes. Estas leyes deben ser aplicadas y corresponde a los gobiernos ejercer sus poderes en este terreno para servicio de los trabajadores y los pobres. Los gobiernos deben abocarse a hacer cesar esa lucha de clases que, contrariamente a \u00a1o que de ordinario se sostiene, han desencadenado los ricos con frecuencia y contin\u00faan realizando contra los trabajadores, explot\u00e1ndolos con salarios insuficientes y condiciones inhumanas de trabajo. Es una guerra subversiva que desde hace mucho tiempo lleva a cabo taimadamente el dinero a trav\u00e9s del mundo, masacrando a pueblos enteros. Ya es tiempo de que los pueblos pobres, sostenidos y guiados por sus gobiernos leg\u00edtimos, defiendan eficazmente su derecho a la vida. Dios se revel\u00f3 a Mois\u00e9s diciendo: \u201cHe visto la miseria de mi pueblo; he escuchado el grito que le arrancan sus explotadores\u2026 Y he resuelto liberarlo\u201d (\u00c9xodo, 3-7). Jes\u00fas tom\u00f3 sobre s\u00ed a toda la humanidad para conducirla a la Vida Eterna, cuya preparaci\u00f3n terrenal es la justicia social, primera forma del amor fraternal. Cuando Cristo, por medio de su resurrecci\u00f3n libera a la humanidad de la muerte, conduce todas las liberaciones humanas a su plenitud eterna.\n23. De esta manera dirigimos a todos esta frase del Evangelio que algunos de entre nosotros7 dirigieron el a\u00f1o pasado a su pueblo con esta misma inquietud y animados por esta misma esperanza de todos los pueblos del Tercer Mundo: \u201cNosotros os exhortamos a permanecer firmes e intr\u00e9pidos, como fermento evang\u00e9lico en el mundo del trabajo, confiados en la palabra de Cristo: \u201cPoneos de pie\ny levantad la cabeza, pues vuestra liberaci\u00f3n est\u00e1 pr\u00f3xima\u201d. (Luc. 21-28)\u201d.\n\u00a0\n\nFirmantes\n\n\u00a0\nHelder C\u00e1mara, arzobispo de Recife, Brasil.\nJean-Baptiste Da Mota e Alburquerque, arzobispo de Victoria, Brasil.\nLuis Gonzaga Fernandes, auxiliar de Victoria, Brasil.\nGeorges Mercier, obispo de Laghouat, Sahara, Argelia.\nMichel Darmancier, obispo de Wallis et Futuna, Oceania.\nArmand Hubert, vicario apost\u00f2lico, Heli\u00f3polis, Egipto.\nAngel Cuniberti, vicario apost\u00f3lico de Florencia, Colombia.\nSeverino Mariano de Aguiar, obispo de Pesqueira, Brasil.\nFrank Franic, obispo de Split, Yugoeslavia.\nFrancisco Austregesilo de Mesquita, obispo de Afogados de Ingazeira, Brasil. Gregoire Haddad, obispo melquita auxiliar de Beiruth. L\u00edbano.\nManuel Pereira de Costa, obispo da Campi\u00f1a Grande, Brasil.\nCharles Van Melckebeke obispo de Ning Hsia (China), visitador apost\u00f3lico en Sin-gapur.\nAntonio Batista Fragoso, obispo de Crateus, Brasil.\nEtienne Loosdregt, obispo de Vicentiane, Laos.\nJacques Grent, obispo de Tual, Maluku, Indonesia.\nDavid Picao, obispo de Santos, Brasil.\nFuete:\nEl Manifiesto. Mensaje de los 18 obispos del Tercer Mundo. 15 de Agosto de 1967.\n\u00a0\nMangione, M\u00f3nica. El movimiento de sacerdotores para el Tercer Mundo.2001. \u00a0Editado en Buenos Aires. Argentina, Agosto de 2001\n\n\n "}]}